Entre las doce y la una de la tarde, algunas personas se transforman en seres insoportables que buscan obtener alimento como si fuera lo último que vayan a hacer en la vida. Un trozo de pan, un poco de chocolate, una galleta…Lo que sea con tal de comer algo que les tranquilice. Es lo que vulgarmente se llama “bajón de azúcar”. También se manifiesta en forma de flojera, depresión inmediata que dura hasta que alcanzamos un trozo de algo e incluso nauseas.
El perfil típico de las personas a las que les sucede esto suele ser mujer de entre 25 – 60 años, que nunca ha tenido un problema de peso que le haya obligado a organizar su dieta y que siempre ha comido cuando tiene hambre sin respetar los horarios.
Cuando vamos al médico a investigar a ver por qué sucede esto, a ver si soy diabético…, descubrimos que todo está bien. El azúcar no es.
Después, valoramos la posibilidad de que sea la tensión. Ya está, tensión baja. Pues nada, que me da un bajón, pues coca-cola, zumo o un chupito de coñac. De lo más habitual. Cuando ya se han descartado problemas físicos serios y sigue sucediendo esto, debemos organizar urgentemente nuestros horarios.
Este es uno de los riesgos de picar entre horas aparte de engordar. Viciar al cuerpo con obtener la energía de forma inmediata y con ansiedad, alimentos dulces o muy energéticos. El organismo lo pide de la manera más eficaz: mareos con sensación de desmayo, ahogo, miedo, gran ansiedad, y aparece el instinto animal al que le importa todo un pito y no valora las consecuencias de ese mal humor (estas personas se hacen muy famosas en sus casas y en la oficina). Acabamos picando, seguro. Y hemos vuelto a darle lo que pedía. Es un cuerpo caprichoso que manda sobre nosotros y de la manera más primitiva.
¿Cómo lo solucionamos?
Tan sencillo como separar las tomas en tres horas y en ese hueco sin alimento, aguantar el tirón hasta que ceje en su empeño de conseguir glucosa fácil. Es como el método para dormir que se usa con los niños, pero para los adultos. El sistema es el mismo.
Durante tres días, sentirás todo tipo de sensaciones relacionadas con el “mono” de los alimentos que normalmente te sacan de esa situación de malestar. Después de este pequeño plazo de tiempo, el cuerpo dejará de pedir los tentempiés y el hambre aparecerá a sus horas. Inténtalo. Tu caso seguramente no es raro ni especial, solo que la sensación de tener que comer algo urgentemente porque si no te encuentras fatal es tan fuerte, que parece que nunca se podrá corregir. Pero sí que se arregla con un poco de orden y fuerza de voluntad. Son solo tres días.



Hoy me gustaría que repasáramos el problema de las comidas en las épocas de examen o evaluación en los colegios. Lo llamo problema, porque aunque a muchos no les afecta el tema nervios para comer más o menos, si les puede interesar que alimentos nos ayudan a la concentración o a aguantar más horas en la silla sin pensar en salir corriendo. El problema tiene más que ver con los que pierden el sentido de la saciedad o buscan consuelo y distracción en la nevera.
Hay frases relacionada con la alimentación que nunca nos han explicado claramente y que han pasado en plan refrán a la conciencia colectiva perdiendo casi el sentido. Por ejemplo, “es malo saltarse comidas”,”la dieta tiene que ser equilibrada”, otra, “el desayuno es la comida más importante del día”. Grandes verdades, pero me doy cuenta en la consulta, que aunque muchas personas se las saben de carrerilla, como no se comprende la importancia que tienen, tampoco se puede hacer el esfuerzo de cambiar un habito tan dañino como es, por ejemplo, el no desayunar.
Es un comentario muy habitual en la consulta: “esta semana no he podido hacer bien las cosas porque he estado muy nervioso/a por cuestiones de trabajo”. Y, ¿qué tienen que ver los nervios con comer más? Es la pregunta que las personas que no tienen ansiedad por la comida se plantean al escuchar una disculpa como esta. A las personas que padecen esta ansiedad, les parece normal. Por eso es bueno hablar de ello y saber cuando el picoteo o el hambre constante son un problema a tratar.
En cuanto empieza a bajar la luz del verano y entramos en esta época de otoño en la que estamos menos tiempo expuestos a luz del día, aparecen síntomas muy comunes como son el cansancio, el sueño, la sensación de día interminable….
