Durante la infancia los niños absorben la información, aprenden comportamientos y su mente elástica se adapta al mundo de un modo mucho más rápido y fácil que los adultos. Se calcula que a partir de los doce años la personalidad del niño ya se ha formado, por lo que cualquier cambio que queramos introducir en sus hábitos de vida, resulta más complicado. Por eso debemos aprovechar esta etapa infantil para enseñar a tener una relación sana con los alimentos, los sabores y con las ganas de descubrir este mundo sin miedo.
Cosas que NO hay que hacer:
- Comer cada día en un sitio distinto: el niño debe asociar la hora de la comida a un lugar, a su mesa, a su silla…
- La falta de atención durante las comidas: el niño debe comer sentado, despacio, dedicando tiempo a cada plato. No podemos comer y hacer otras actividades al mismo tiempo: es hora de comer, no de jugar, ni colorear ni de perseguir al niño con la salchicha en el tenedor mientras le distraemos con los dibujos animados. Estamos comiendo. Es un momento a respetar, no hay excepciones.
- Poner cara de asco cuando algún alimento no nos gusta. Este ejemplo que parece una tontería, es de lo más habitual. A papá no le gusta el brécol, papá pone cara de asco y le queda clarísimo a toda la casa. Los niños no querrán probar el brécol, primero por miedo a su sabor, y segundo por imitar a papá. ¡Ojo con esto!. Cuidadito con vuestra filias y fobias, que los niños copian actitudes.
- Utilizar la comida como premio o castigo: Es muy normal recompensar al niño con unas chucherías, pasteles o helados cuando se porta bien o consigue algún objetivo. Sin querer, estaréis creando una asociación errónea entre los alimentos ricos y especiales con el placer físico. El mensaje sin palabras que se le está dando es: si te portas bien y eres bueno, nuestro amor por ti te llena el estómago y sabe dulce. Ya de adultos, estas personas buscarán sentirse queridas llenándose el estomago con dulces. A la larga derivará en ansiedad por la comida durante los momentos de stress. ¿A que os suena?
A los niños se les puede regalar infinidad de cosas que no tengan relación con su nutrición y que les van a resultar muy gratificantes. Juegos, libros, material de deporte, etc. Debemos desconectar esta relación entre el alimento y el regalo.
- Insistir demasiado en que coman algo: Si obligamos a los niños a comer algo que en principio rechazan, podemos conseguir una manía hacia ese alimento que puede derivar en rebeldía ante cualquier novedad alimenticia.
El sentido del gusto de los niños va madurando con el tiempo, lo que no les gusta hoy puede que dentro de un tiempo vaya entrando en su lista de alimentos aceptados. Negociar es importante. Te pongo esto que te gusta, pero probamos un poco de algo nuevo ya que, me haría muy feliz que lo probaras…



Muy posible. Es más fácil de lo que parece y no es necesario hacerse el enfermo para evitar excesivas reuniones gastronómicas. La solución pasa por planificar los extras. Participar a tope siempre que decidamos hacerlo y continuar con una rutina saludable cuando no haya nada especial que nos la modifique. Os invito a repasar unos consejos que os ayuden a llegar a enero cómodamente.
El desayuno de los niños trae de cabeza a padres y abuelos. Y el tema es peliagudo, porque hay muchos niños que no desayunan cuando en todos los medios de comunicación nos advierten desde hace años que el desayuno es la comida más importante del día.
Este año se nos presenta una nueva situación, la posibilidad de llevar la comida hecha en casa para comerla en el comedor del colegio.
Hay personas que descubren en las revistas del corazón que algunos famosos comen de modos extraños o sofisticados. Mujeres y hombres delgadísimos o con unos cambios de peso extremos que practican todo tipo de “alimentaciones” de moda.
Dentro de la estructura de dieta que os propongo, según mi método para aprender a comer, las verduras tienen una importancia fundamental como medio para saciar el hambre y como fuente de vitaminas, minerales y agua.
