Despejando dudas sobre los lácteos en general

Lácteos en generalHola amigos. Hoy me gustaría tratar un tema interesante que genera confusión y que tiene gran importancia ya que no se entiende la alimentación sin lácteos. Vivimos en una sociedad en la que la leche, los yogures o los quesos son imperdonables en cualquier comida y es por esto que debemos analizar brevemente las instrucciones de uso de lácteos que nos llegan por diversas fuentes, para quedarnos con la que mejor nos convenga.

La teoría dice que los lácteos son unos alimentos esenciales para la nutrición humana y debemos tomarlos todos los días como fuente esencial de calcio, fósforo y proteínas. Sucede entonces que cuando una persona comienza a tener problemas de salud como gases, hinchazón y diarrea, problemas de piel como dermatitis o eczemas, trastornos respiratorios, asma, exceso de mucosidad, etc, y su médico, con sus tratamientos, no logra mejorar los síntomas, es muy común ponerse en contacto con un especialista en medicina natural o un homeópata que lo primero que le va a quitar son los lácteos. Inmediatamente, estos alimentos  pasan al grupo de venenos cotidianos. Se corre la voz y comienza el reguero de  opiniones encontradas y confusión. No sabemos donde ponerlos o sentimos que no estamos cuidando la salud cuando tomamos un trozo de queso.

¿En que situación nos encontramos respecto a los lácteos?

- ¿Nos sienta bien y no nos preocupa el tema? Seguimos haciendo vida normal. Los lácteos no son malos y si conseguimos leche de vacas muy bien cuidadas, mejor será, porque muchas veces el tema a debatir es la salud de los animales y sus tratamientos con antibióticos u hormonas y eso es otro cantar.

- Sospechamos que alguno de nuestros típicos síntomas de piel, digestión o respiración tienen relación con la ingesta mayor de lácteos un día concreto o por nuestra ración habitual. Analizamos la posibilidad de reducir la ración a un punto de confort donde no haya molestias o si descubrimos que sin ellos ganamos en salud, debemos estudiar con ayuda la forma incorporar nuevos alimentos sucedáneos.

- Tenemos una clara intolerancia a la leche y nos concretan a causa de qué elemento. ¿Lactosa? Usamos leche sin lactosa o cualquier propuesta válida como son la leche de soja, de avena, de arroz, de almendra, etc. La leche cocinada, fermentada o procesada como yogurt o queso, normalmente pierde la concentración mayor de lactosa y no suele dar problemas.

- ¿Alergia a la proteína propia de la leche de vaca? Cualquier tipo de leche de las citadas en el párrafo anterior nos resuelven la dieta. Ojo, que hay muchísimos alimentos preparados que contienen proteína láctea y aquí sí que tenemos que estar atentos.

La conclusión es que los lácteos como alimento en si son muy completos, pero a muchas personas les producen trastornos que se resuelven reduciendo la ración a la esencial o sustituyéndolos por productos con semejantes propiedades pero con mejor digestibilidad.

Y a la pregunta, ¿y de dónde saco entonces el calcio? La respuesta llegará en el próximo post.

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¿Qué está pasando con la obesidad infantil?

Obesidad infantilEl sobrepeso en los niños está siendo un tema preocupante que merece que le demos un espacio en este blog. En este post, me gustaría que todos pudiéramos reflexionar sobre las ideas que yo misma pueda presentar, junto con las que todos vosotros podáis aportar, ya que este tema encierra una combinación de factores particulares que a todos nos puede interesar conocer para mejorar. Por esto, os animo encarecidamente a que intentemos aportar luz a los entresijos del problema de la obesidad infantil.

¿Dónde empieza el sobrepeso? Desde mi punto de vista y por mi experiencia en la consulta, las claves de este problema están por un lado en que la transición de la alimentación no está acorde con el crecimiento y la actividad.  Esto es, un niño de 12 años, que no hace ejercicio porque le traen y le llevan, le gusta el ocio relajado y no le controlan lo que compra en el kiosko, no puede merendar como un pequeño de 6 ó 7 años, con cereales, bocadillo y yogurt . Parece obvio, pero debe ser complicado darse cuenta de cuando es el momento de modificar la comida más delicada de los niños, la merienda. Al primer signo de aumento de peso, esta es la primera comida a recortar. Un pequeño bocadillo con un zumo, puede ser una alternativa con buenos resultados. Con el cambio, habrá un “mamá tengo hambre”, pero en tres días se pasará. Ese hambre es un problema de costumbre.

Muchas de las visitas a la consulta de nutrición para niños, suelen ser en compañía de madres, abuelas o servicio doméstico, sorprendentemente. La vida “moderna”, los tiempos difíciles en los que hay que ceñirse a horarios infernales, hacen que los niños puedan estar al cargo de personas diferentes, con distintos criterios e intereses. Podemos sacar algo en claro, si los que cuidan, no saben comer, se les va de las manos. La ayuda profesional en estos casos es fundamental. Un plan escrito que todos sigan.

También es importante saber que una adaptación excesiva de la comida de toda la familia a la restricción que impone el niño, deja secuelas futuras en la educación nutricional. Este tema puede dar para mucho, pero solo un matiz interesante. Hay muchos adultos con sobrepeso, que siguen siendo niños tiranos porque solo comen lo que les produce satisfacción, lo que les gusta muchísimo y punto. Redactan una lista interminable de alimentos que no comerán bajo ningún concepto aunque no los hayan probado. Esto es una reminiscencia de un niño “mal comedor” al que sus padres se adaptaban. Mal plan.

La obesidad suele aparecer cuando los niños van creciendo, empiezan a tener más horas de clase, más tiempo sentados, más deberes, etc., y la alimentación sigue siendo parecida a la de un niño pequeño que pasa jugando gran parte del día, en movimiento y en el que sus padres deciden qué es lo que va a comer. Es aquí cuando debemos coger papel y lápiz, y valorar por un lado: actividad, horarios, tiempo entre comidas, actividades extraescolares, estudiar brevemente los puntos débiles como gustos reducidos, ocio sedentario, genio y figura en sus decisiones al respecto de qué va a comer y qué no, y con todo esto diseñar un plan con ayuda, si es necesario, que frene el incremento de peso. Se puede hacer. Es más fácil de lo que parece.

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La agencia de seguridad alimentaria avisa de la necesidad de ajustar el consumo de marisco, pescado y hortalizas

Se han encontrado niveles altos de ciertos compuestos químicos y metales en algunos alimentos de uso habitual que podrían perjudicar a algunos grupos de población. La misión de esta recomendación es la de avisar para reducir el consumo o adaptarlo al consumidor según sus características. En ningún caso se alarma sobre la necesidad de retirar del mercado ningún alimento. Así que todos tranquilos pero informados.

El caso es que tenemos tres grupos de alimentos con una llamada de atención. Y vamos a repasarlos.

Los mariscos por la presencia de cadmio. Para evitar una excesiva exposición a este metal pesado, tenemos que dejar de “chupar cabezas” de gambas, langostinos, cigalas, etc, Es una pena abandonar esta práctica, pero la acumulación de este metal estropea nuestra función renal, desmineraliza los huesos y en casos de gran acumulación puede producir hasta cáncer. Podemos hacer una excepción en navidad y fiestas varias. La alerta apunta a los lugares de España donde comen estos mariscos a diario.

Otro de los grupos de alimentos a controlar son los pescados azules como el pez espada, el tiburón, el lucio y el atún rojo de especie grande llamado thunnus thynnus. Estos pescados grasos tienen la pega de almacenar grandes cantidades de mercurio que se disuelve en su grasa y para los niños es muy perjudicial porque atraviesa la barrera que protege el cerebro y puede interferir en su desarrollo. Los grupos de personas que deben evitar completamente su consumo son: Las mujeres embarazadas o el periodo de lactancia. Los niños menores de 3 años. Los mayores de esta edad y hasta los 12 años, pueden tomar pequeñas cantidades semanales, hasta un máximo de 100 gramos cada dos semanas, es decir, una ración pequeña cada 15 días se podría tomar sin problema.

El último grupo para revisar es el de las hortalizas por su presencia en nitratos. Estos elementos químicos producen un problema serio en la sangre de los bebes y los niños pequeños.

Las verduras más afectadas por esta recomendación son las espinacas y las acelgas.

Lo mejor para prevenir el problema es evitar dar estas verduras a los bebes menores de un año y a los niños de cualquier edad con alguna infección bacteriana intestinal.

Entre 1 y 3 años, se les darán solo una ración diaria. Y siempre guardaremos la verdura cocinada en la nevera si es para consumir en el día y, si no, al congelador.

Los consejos son sencillos, pero hay que tenerlos en cuenta. Si os apetece indagar más en la información, en este enlace encontraréis un organismo nacional de primer nivel para saber cual es la opinión de los expertos sobre cualquier tema en nutrición: http://www.grep-aedn.es/newsletter/mayo2011.htm

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