Comer a partir de los 60 y con familia

alimentos para comer bien De sopitas y buen vino, nada. Ahora ya no se puede echar la culpa de una dieta caprichosa a la falta de piezas dentales. Ya existen soluciones para todo. Con esto no quiero decir que lleguemos desdentados a los 60, pero seguro que muchas personas con el trabajo, los nietos y los líos habituales, han dejado de lado su peso, su salud o su imagen. Lo de “estar muy dejado” pone años encima y aparecen cosas raras en la analítica.

El mayor problema que yo encuentro en la forma de cuidarse a partir de los 60, es que es muy común cocinar o cuidar a los demás, marido, mujer, nietos, hijos que vienen a comer a casa de los padres porque no les da tiempo a comer en su casa (risas), etc. La persona que cocina, no cuenta. Tomas sobras, lo de los demás, cualquier cosita que encuentro, es el comentario habitual. Yo digo en plan de guasa que a partir de los 60, las personas y sobre todo las mujeres, nos convertimos en ratón, porque el queso empieza a ser un vicio preocupante. Es algo que gusta, llena y resuelve rápido.

En los hombres ya jubilados, también aparece una práctica habitual que es el vía crucis por los bares de la zona. En uno leo La Nueva España con un corto y un pincho, y en el de al lado, El Comercio con un vino y unos cacahuetes. Todo perfectamente sincronizado para llegar a casa a las 2:30 a comer. Todo esto hace coger peso, perder energía, sentirse mayor, muy mayor, descubrir goteras variadas, las rodillas, la cadera, problemas digestivos y analíticas patas arriba.

Mis recomendaciones:

- Arreglarse la boca. Volver a comer a dos carrillos para digerir bien y salivar mejor.

- La persona que cocina, manda. Debe comer la primera o a la vez que los demás. Nunca dejarse para el final para “quitarse del medio con cualquier cosa”

- Diseñar un menú que permita tener organizada la compra con antelación.

- Planificar que los platos gusten a los dueños de la casa. No cocinar pensando en el nietín, en el hijo o en el marido, sino en que sea sano para todos.

- Incluir en la rutina un paseo de una hora a buen ritmo, sin excusas. Con amigos, con la pareja, con la vecina o vecino, etc. Solo con esto ya bajamos el colesterol ya que andar a ritmo ligero estimula el colesterol bueno para bajar el malo. Miren que sencillo.

- La dieta proporcionada en tercios. Hidratos, verduras y proteínas a partes iguales, asegura una nutrición energética, vitaminada e hidratante. Esta proteína puede ser el queso, por qué no, pero los alimentos cocinados entre sí, aportan más energía, se digieren mejor y llenan más.

- El picoteo en las comidas, es decir, comer pequeñas cantidades de alimentos sin cocinar tipo pan con jamón, un yogurt, una fruta y un poco de caldo, hacen que tengamos hambre cada poco y aparezcan las sospechas de que nuestro hambre es ansioso y tenemos un problema. No es así. Si comemos bien, respetando las tres horas entre tomas y quedando bien saciados con las tres partes fundamentales que debemos incluir en cada plato, el gusanillo constante desaparece.

Existe el bulo de que a partir de los 60 no hay quien adelgace o se ponga en forma y no es cierto. Un poco de esfuerzo para cambiar es recompensado rapidísimo. No sabéis lo agradecido que es el cuerpo cuando mejoramos un poco la alimentación y la actividad.

deja tu comentario

Comentarios (3)

Astenia otoñal. ¿Hay que tomar suplementos vitamínicos?

Astenia otoñalEn cuanto empieza a bajar la luz del verano y entramos en esta época de otoño en la que estamos menos tiempo expuestos a luz del día, aparecen síntomas muy comunes como son el cansancio, el sueño, la sensación de día interminable….

Lo primero que uno piensa al sentirse así es que tiene mucho más trabajo de la cuenta, está comiendo mal o duerme poco. Si lo analizamos, seguramente el régimen de vida es muy similar al de otras épocas del año, pero las fuerzas flaquean.

Es muy importante que cuando nos sintamos así probemos varias soluciones antes de comenzar a tomar el primer suplemento vitamínico que encontremos. En el caso de las mujeres, debemos controlar que no exista una anemia ferropenica, que sus síntomas de debilidad, pérdida de cabello y baja forma física, coinciden con la flojera del principio del otoño y la primavera. Una vez descartada la anemia con una analítica común, debemos pasar a la acción. Practicar más ejercicio suele producir un efecto de estimulación de la actividad general. Si nos movemos más, tendremos más necesidad de actividad. Es un circulo vicioso sanísimo que logra disminuir la ansiedad que produce la falta de luz. A muchas personas les ocurre que en otoño les da mucha pereza salir a dar un paseo o disfrutar de su ocio fuera de casa ya sea por el mal tiempo o porque se haga de noche muy temprano. La ansiedad por falta de movimiento aumenta el hambre de picoteo y estropea nuestra dieta sin solucionar nada. Es fundamental para mantener a raya la ansiedad salir y moverse. Desde un paseo hasta una clase de bailes de salón. Vale todo con tal de aumentar la actividad física.

Y si después de mejorar nuestros hábitos deportivos, no salimos de ese cansancio, podemos utilizar durante un mes, un complejo vitamínico equilibrado que pueda resolver alguna posible carencia alimenticia. Esta es la forma adecuada de decidir la necesidad de tomarlo. Existen algunos complementos con Ginseng o guaraná, que si no repasamos nuestra salud con una analítica antes de decidir tomarlo, podemos estar enmascarando algún problema más serio ya que estos productos, con una dosis similar para cualquier persona ya sea hombre, mujer, grande o pequeña, extraen la energía de donde no la hay.

Una rutina de menú variado, ejercicio ligero pero constante y descanso programado, es la solución al cansancio estacional.

deja tu comentario

Comentarios (2)