Lanzamos la cecina de buey de nuestra marca "Casona La Lloraza"

Lanzamos la cecina de buey de nuestra marca «Casona La Lloraza»

Cecina de Buey Asturiano Casona la Lloraza que puedes encontrar en supermercados Alimerka

Lanzamos la cecina de buey ahumada Casona La Lloraza. Esta marca responde a la apuesta de Alimerka por favorecer y apoyar la producción y distribución de productos agroganaderos de calidad de origen local, bajo criterios de sostenibilidad.

Se trata del segundo producto que se lanza con Casona la Lloraza, después de la faba de variedad Andecha presentada esta primavera. Está disponible exclusivamente en una selección de tiendas Alimerka.

La cecina más jugosa 100% asturiana

La finca que alberga esta marca nació con la voluntad de disponer de unas modernas instalaciones de producción de carne de vacuno certificada 100% asturiana y cría anualmente hasta 1.100 cabezas de ganado en las mejores condiciones de alimentación, salud y confort físico y emocional.

Los animales viven en libertad en esta finca durante cinco años a base de pastos naturales y, en su fase de engorde final de ocho meses, se alimentan con piensos naturales certificados por la Indicación Geográfica Protegida Ternera Asturiana, lo que convierte su carne en un producto exquisito.

Para la elaboración de esta cecina de buey certificada, se seleccionan finalmente las mejores piezas y las más jugosas. Este alimento cuenta con proteínas de alto valor biológico, así como con vitaminas y minerales como hierro, fósforo, potasio y calcio que aportan numerosos beneficios.

Un modelo respetuoso con el medio ambiente

Casona La Lloraza debe su nombre a una casa tradicional asturiana de principios del siglo XX, que se halla en la propia finca, en Oles, Villaviciosa (Asturias). El enclave rural, a menos de 2,5 km. del mar Cantábrico, cuenta con unas 40 hectáreas de terreno.

Este tipo de espacios contribuyen en gran medida a la conservación de la biodiversidad de la zona, ya que sirven de hábitat de refugio a numerosas especies autóctonas silvestres. Es un ejemplo perfecto de cómo tradición y sostenibilidad pueden ir de la mano en un proyecto agroganadero.